Tratado de Helsinki

El “Proceso de Helsinki” expuso claramente el vínculo entre los derechos humanos individuales y la seguridad nacional. Ayudó a terminar el régimen comunista en Europa Oriental e impulsar nuevas relaciones económicas y de seguridad entre Occidente y Oriente. Formó la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), de 56 miembros, una activa entidad internacional que aboga por la democracia y los derechos humanos en todo el mundo.

Sin embargo, el logro más grande de Helsinki puede ser el establecimiento de un conjunto de obligaciones de derechos humanos y compromisos democráticos, por los que los ciudadanos de toda la región pueden exigir a sus gobiernos la rendición de cuentas.

Ty Cobb, coronel retirado del ejército, que fue asesor del presidente Ronald Reagan sobre la Unión Soviética, dijo a America.gov que cuando los soviéticos firmaron el Acuerdo de Helsinki, 30 años después del final de la Segunda Guerra Mundial, pensaron que estaban haciendo un buen negocio.

El tratado parecía legalizar las fronteras posteriores a la guerra entre Alemania, Polonia y la Unión Soviética, pero en realidad las provisiones de derechos humanos del tratado se convirtieron en una apertura en la Cortina de Hierro.

“Mientras que los conservadores de Occidente en general consideraban que el tratado no cambiaría mucho las cosas en la URSS, de hecho la firma por los soviéticos los comprometió a muchas obligaciones”, especialmente en materia de derechos humanos, dijo Cobb. Y en el largo plazo el tratado “se constituyó en un instrumento útil” para resolver los conflictos y finalmente condujo al desmantelamiento del poder soviético tanto en Europa Oriental como en Rusia.

Entre sus provisiones Helsinki autorizo la formación de grupos de vigilancia de los derechos humanos, por las naciones participantes que ofrecieron una apertura a los movimientos disidentes y a los grupos no violentos de protesta, para que operaran en el bloque Oriental. El Grupo de Observación de Moscú fue específicamente efectivo en llamar la atención internacional a las violaciones de los derechos humanos en la Unión Soviética.

En un reciente artículo titulado “Sendas hacia 1989” el historiador alemán Fritz Stern dijo que al comienzo “pocos líderes políticos, de ambos lados, percibieron el potencial incendiario de Helsinki, que ofrecía a los movimientos disidentes de Europa Oriental y de la Unión Soviética el aliento moral y algo de protección legal”.

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